LOS ROMANOV | El trágico final de la familia imperial rusa

Los Romanov

El año 1917 fue un periodo decisivo para el Imperio ruso. El descontento popular debido a los altos precios, la inflación y la prolongada guerra habían alimentado la inestabilidad política y contribuido al comienzo de la Revolución.

La participación de Rusia en la I Guerra Mundial duró casi tres años y provocó el erosionamiento profundo de la economía rusa y la pérdida de innumerables vidas humanas. Todo esto afectó especialmente a los trabajadores y campesinos, lo que dio lugar a que se extendieran los discursos contra el gobierno y la dinastía.

En este contexto de descontento y de estado de amotinamiento de parte del ejército se produjo la revolución popular de febrero de 1917, fruto de la cual cayó el poder imperial de la familia Romanov después de 300 años de gobierno. De este modo todo el poder quedó en manos del Gobierno Provisional, constituido principalmente por políticos liberales y socialistas moderados.

Pocos meses después se consumaría la segunda parte de este episodio revolucionario con el derrocamiento del Gobierno Provisional por parte del Partido Bolchevique y la instauración de un gobierno comunista en los territorios del antiguo Imperio Ruso.

A esto siguió una sangrienta guerra civil y una invasión del país por ejércitos de hasta catorce países que se oponían al nuevo régimen y qué duró tres años, hasta finales de 1920.

La Revolución fue el inicio de una nueva época, deseada por la mayoría de la población, pero el asesinato de la familia real sigue siendo un hecho doloroso para el pueblo ruso hasta nuestros días.

La vida de la familia Romanov bajo arresto

El 2 de marzo de 1917 Nicolás II abdicó del trono en favor de su hermano Mijaíl, que a su vez abdicó del trono en favor del pueblo. De este modo Rusia se quedó sin Zar y los Romanov dejaron de ser una familia que representaba a la institución monárquica.

Para evitar que los Romanov pudieran fugarse al extranjero, las nuevas autoridades decidieron arrestar a toda la familia inmediatamente.

El día 7 de marzo la familia Romanov fue encarcelada en el palacio Tsarskoye Selo de San Petersburgo y su vida en el lugar elegido para su reclusión pasó a regirse por estrictas condiciones.

La primera de estas condiciones fue la prohibición de acercarse a las zonas adyacentes al palacio, aunque dentro del edificio siguieron teniendo una relativa libertad.

Los miembros de la familia pasaron a realizar todas las actividades de la casa que antes eran cometido de su servicio; limpiaban la nieve del exterior, cortaban madera para hacer leña y con la llegada de la primavera comenzaron a trabajar en una huerta en el mismo palacio plantando frutas y verduras.

Una de las actividades preferidas de Nicolás II y de sus hijos durante su reclusión en Tsarskoye Selo fueron los paseos por el parque, durante los cuales los prisioneros eran a menudo insultados por los soldados revolucionarios.

En agosto de 1917 el Gobierno Provisional comenzó a tener graves problemas para mantener la seguridad de la familia real debido a la inestabilidad en la capital, y por ello se decidió trasladar a los Romanov a la ciudad de Tobolsk, en Siberia, supuestamente para protegerlos de la marea creciente de la revolución.

El lugar del exilio de la familia real fue ocultado cuidadosamente hasta el último momento. La familia de Nicolás II no supo nada de su viaje de exilio a Tobolsk, y siempre pensaron que su destino más probable los llevaría a Crimea, en el sur de Rusia.

El día 1 de agosto, a las 6 de la madrugada, salió un tren desde Tsarskoye Selo con dirección al este llevando a todos los miembros de la familia Romanov, que fueron ubicados junto a su comitiva en el mismo vagón mientras en otros vagones viajaron los empleados y la guardia.

Después de cinco días de viaje en tren atravesando los Urales, la familia y los treinta y nueve integrantes de su séquito embarcaron en un vapor en Tiumén para llevarles a la ciudad siberiana de Tobolsk.

El 6 de agosto, el barco de los Romanov llegó a Tobolsk.

Los habitantes locales esperaban la llegada del ex rey y de su familia, pero debido a que la casa aún no estaba preparada para recibirlos, tuvieron que vivir en el barco durante una semana más.

Esto resultó una ventaja para ellos porque pudieron pasear por la costa del río Irtish y conocer a la gente del lugar.

El 13 de agosto comenzó la residencia de los Romanov en la antigua casa del gobernador. En la planta baja vivían los sirvientes y la primera planta fue ocupada por los miembros de la familia.

La ciudad de Tobolsk se convirtió para la familia imperial en un lugar relativamente tranquilo, donde vivieron desde el verano de 1917 hasta la primavera de 1918.

Durante este tiempo los niños estuvieron recibiendo sus clases, leían y Nicolás trabajaba en su despacho. Además a Nicolás disfrutaba mucho haciendo trabajos físicos como por ejemplo cortar leña para el fuego.

Por las noches la familia se reunía en la sala y pasaban el tiempo charlando y jugando a las cartas mientras tomaban té. En ocasiones hacían unos espectáculos familiares. Con la llegada de los días cálidos a los Romanov les gustaba tomar el sol sentándose en el techo del invernadero. Solo les estaba permitido salir para visitar la iglesia.

Unos meses más tarde las autoridades les comunicaron que el pueblo ya no disponía de dinero para sostenerlos con el mismo nivel de comodidades por lo que se vieron obligados a reducir sus gastos. De su mesa desaparecieron la mantequilla, la nata, el café y el azúcar. Sin embargo, cuando los residentes locales se enteraron de esto, comenzaron a ayudarles llevándoles alimentos.

El último camino de los Romanov antes del fusilamiento

En la primavera de 1918, Nicolás II y su familia fueron trasladados nuevamente desde Tobolsk a Ekaterimburgo. Donde fueron alojados en la casa del ingeniero Ipátiev, lugar donde la familia real pasó sus últimos 78 días de su vida.

La vida en esta casa les pareció una verdadera cárcel en comparación con su anterior residencia en Tobolsk. Les prohibieron hacer cosas como practicar ejercicio, trabajar o usar mucha agua y solo les permitían pasear una hora cada día.

Dentro de la casa casi no había luz, porque todas las ventanas estaban pintadas con cal y además faltaban camas en las habitaciones, por lo que las hermanas dormían en el suelo.

Su ración alimentaria consistía en fideos, patatas, ensalada de remolacha y una bebida de bayas y casi no probaban la carne.

En la noche del 16 al 17 de julio de 1918 todos los residentes de la casa fueron despertados y fueron avisados que era necesario su traslado a un lugar más seguro debido a amenaza de posibles disturbios en Ekaterimburgo.

Mientras tanto les pidieron bajar al sótano con la excusa de tomarles una foto antes de su viaje mientras que esperaban a que el camión para su transporte llegara. Sin embargo, en lugar de un fotógrafo, en el sótano entró un escuadrón de fusilamiento.

El comandante bolchevique Yakov Yurovsky anunció en ese momento que todos los prisioneros debían de ser asesinados a tiros en el instante. Nicolás solamente tuvo tiempo de exclamar «¿Qué?» antes de ser abatido por las balas.

Los soldados de fusilamiento a continuación comenzaron a disparar al resto del grupo pero con desigual puntería.

La zarina Alexandra y la hija mayor Olga resultaron muertas pero sin embargo los otros hijos solo resultaron malheridos y todavía permanecieron vivos después del primer disparo. Al ver que aún respiraban los soldados los remataron a bayonetazos.

Una teoría para explicar eso sugiere que eso sucedió bien porque los tiradores fallaron o bien porque las balas rebotaron sobre los diamantes que estaban cosidos en los corsés de las hijas de Nicolás.

El hijo de Nikolás Aleksei intentó huir del sótano, pero Yurovsky le alcanzó y le disparó en la cabeza.

En total en el sótano de la casa Ipátiev fueron asesinadas 11 personas: el propio zar Nicolás II, su esposa Alexandra, sus cuatro hijas Olga, Tatiana, María y Anastasia, su hijo Alexei y su personal de servicio.

Gánina Yama en Ekaterimburgo

Después del tiroteo todos los cuerpos fueron cargados en un camión y enviados a las minas abandonadas de Gánina Yama, en la región de Sverdlovsk (unos 17 km al norte de Ekaterimburgo).

Para desembarazarse de los cuerpos intentaron quemarlos, pero cuando comenzaron la tarea vieron a magnitud de la misma la abandonaron, decidiendo en su lugar tirar los cuerpos a una mina y cubrirlos con ramas.

A pesar de todos los esfuerzos por ocultar la matanza de la familia imperial rusa empezaron a crecer los rumores entre la población de Ekaterimburgo, por lo que al día siguiente sacaron los cuerpos de la mina y quemaron dos de ellos en el mismo lugar mientras que los otros fueron regados con ácido y enterrados en un hoyo que habían cavado previamente.

¿Quién mandó a matar a la familia Romanov?

El destino final de los presos fue una decisión que fue meditada durante mucho tiempo. Durante todo el año posterior al derrocamiento de la monarquía en Rusia el gobierno soviético barajó diferentes ideas sobre cómo debería ser juzgado Nicolás II.

Algunos, entre ellos Lenin, pensaban que la zarina debería ser también procesada, ya que sus actividades anti-rusas causaron derrotas en la Primera Guerra Mundial. Otros, entre ellos Trotski, pidieron el juicio del zarismo como institución.

Según algunos informes, las relaciones de la nueva Rusia con los gobiernos de Gran Bretaña y Alemania desempeñó un papel decisivo en el destino de Nicolás II. Los jefes de estos Estados tenían consanguinidad con los Romanov, y los bolcheviques querían utilizar este hecho en sus juegos diplomáticos.

Sin embargo, más allá de los Urales había una corriente de opinión que consideraba que la familia real en su totalidad debía ser fusilada, como todos los que hubieran tenido algún tipo de relación con el zarismo.

La confesión del crimen

La información real sobre el tiroteo de la familia real en la casa Ipátiev en Ekaterimburgo en julio de 1918 fue clasificada durante décadas como secreta, sin pruebas fidedignas de los hechos la opinión pública mundial comenzó a recibir diferentes versiones sobre el paradero de la familia real.

Al principio, el nuevo gobierno revolucionario intentó infructuosamente asegurar a Occidente sobre su trato humanitario hacia la familia real asegurando que toda la familia real se hallaba viva y retenida en un lugar secreto para impedir cualquier conspiración por parte de la Guardia Blanca.

Muchos políticos trataron de eludir la respuesta a la pregunta sobre el destino final de Nicolás II y de su familia o respondieron con evasivas a las mismas.

Solamente después de la publicación de los informes de la investigación que realizó Nikolai Sokolov revelando la historia de masacre de la familia imperial rusa, los bolcheviques tuvieron que reconocer el hecho de su ejecución.

Asesinato de zar Nicolás ll y familia

Sin embargo, los detalles y la información sobre el enterramiento siguieron siendo secretos y permanecieron cubiertos por la oscuridad en el sótano de la casa de Ipátiev.

Solo de un hecho no se puede dudar y es que ha habido una infinidad de falsificaciones y mitos en torno a la historia de la ejecución de los Romanov.

Identificación de los restos de los Romanov

Los restos de la familia real rusa fueron hallados oficialmente en el año 1991, cuando se encontraron nueve cadáveres enterrados en los alrededores de Ekaterimburgo.

Nueve años más tarde, se descubrieron los dos cuerpos que faltaban, sus restos fueron estaban quemados y supuestamente pertenecían al los hermanos Alexéi y María.

La Fiscalía General de la Federación de Rusia junto con varios centros especializados de Gran Bretaña y Estados Unidos llevó a cabo numerosas pruebas, incluyendo el análisis de ADN de los cadáveres encontrados.

Según las últimas conclusiones de los expertos, publicadas el 16 de julio de 2018, los análisis genéticos confirmaron la pertenencia de los restos como pertenecientes al ex-emperador Nicolás II, sus familiares y las personas a su servicio.

Actualmente sus cuerpos descansan en la Catedral de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo.

Los restos de los Romanov

La Iglesia sobre la sangre de Ekaterimburgo

En el año 1990 en el lugar del fusilamiento de la familia Romanov, donde anteriormente existió la casa Ipátiev, demolida en el año 1977 para evitar que fuera convertida en un centro de peregrinación de nostálgicos monárquicos, fue plantada cruz, y posteriormente se construyó una capilla.

Finalmente, 10 años más tarde, comenzó la construcción de la actual Iglesia sobre la sangre en honor de todos los Santos.

La Iglesia sobre la sangre fue consagrada con un gran número de fieles el 16 de junio de 2003, en vísperas del aniversario del fusilamiento de la familia Romanov.

Familia Romanov

Desde entonces cada año se celebran en Ekaterimburgo «Los días zarinos», del 10 al 20 de julio, con exhibiciones, lecturas y conciertos.

La fecha álgida de estas celebraciones, que congrega a los miles de peregrinos ortodoxos que acuden a Ekaterimburgo es el culto solemne que se celebra en la noche de la matanza de los Romanov, del 16 al 17 de julio.

Al final de la liturgia, decenas de miles de personas realizan una procesión tradicional hasta el Monasterio de Gánina Yama, construido cerca de donde los cadáveres de la familia real fueron arrojados a una fosa.


  • Hola. Dirijo y presento un programa radiofónico de divulgación cultural en la FM de Valencia. Me gustaría entrevistar a alguien con conocimientos amplios sobre temas de Rusia. Si os interesa, estaré encantado de contactar con vosotros.

    • Hola María Beatriz,
      Un triste final el de la dinastía Romanov. Fue un crimen de lesa humanidad asesinar a mujeres y niños que no tenían nada que ver con los errores que había cometido el zar 🙏